McHenry, por ejemplo, se ha apartado siempre de clichés (también del post-bop evidente) con una originalidad sin extravagancias y ninguna necesidad de incluir cosas raras. Iverson, por su parte, avanza siempre con una desnudez formal y engañosamente simple, que puede conseguir que el tema más antiguo suene radicalmente moderno. Y juntos, cuando dialogan, generan una conversación que trasciende el exhibicionismo de los solos. Todo y en todo momento lo ponen al servicio de la música.
Me muero de ganas de saber el setlist. Primero por la destreza particular de McHenry con los repertorios, con su especialísima personalidad, tan enigmática como divertida. Pero a la vez también por las conexiones y la curiosidad de Iverson con la historia de la música, y su habilidad para identificar relaciones inesperadas entre autores, estilos y maneras de entender el arte. De hecho, Iverson es para muchos –también para mí– un auténtico referente para entender dónde estamos y de dónde venimos.
Reunir a Bill McHenry y Ethan Iverson no es solo una buena idea. Yo diría que es una provocación deliberada para que pasen cosas (siempre lo digo: una de las esencias de un festival). Y no tengo ninguna duda de que en este concierto pasarán unas cuantas cosas que recordaremos siempre. – Josep Mestres, Jazzucrist
Bill McHenry, saxo tenor
Ethan Iverson, piano
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